Noticias de politica
En América Latina las fuerzas militares nacionales se convirtieron en
ejércitos de ocupación para defender el sistema capitalista y sus clases
privilegiadas. Después de la II Guerra Mundial, Estados Unidos con el Pentágono
y la CIA "educaron"; es decir adoctrinaron a las fuerzas armadas con radical
ideologización anticomunista a fin de que desempeñen un vital papel de
contención y represión durante los años de la Guerra Fría. Ahora son tiempos
nuevos, con modelos paradigmáticos de integración y el Consejo de Defensa de
UNASUR es un hito histórico para concretar el sueño de los libertadores.
En el ayer inmediato, América Latina y el Caribe se convirtieron en un
gigantesco escenario en el que actuaban las fuerzas insurgentes de los pueblos
enfrentados a los ejércitos y policías asesorados, financiados y apoyados por la
CIA. Muchas de las dictaduras fascistas, de las más crueles y sanguinarias que
asolaron a esta parte del mundo y que ocasionaron miles de muertos,
desaparecidos, torturados, fueron entrenados, capacitados y adoctrinados en la
famosa Escuela de Las Américas que estuvo ubicada en Panamá y en fuertes
estadounidenses del Pentágono y la CIA.
En el siglo XXI, las Fuerzas Armadas se han replegado a sus cuarteles y han dado
paso al surgimiento de gobiernos democráticos, constitucionalistas, varios de
ellos de carácter progresista, populistas o identificados con el llamado
Socialismo del Siglo XXI que, por su propia definición, se han convertido en
gobiernos peligrosos o indeseables para el imperio que aún considera a América
Latina como su patio trasero y al Caribe como su lago particular. Esos gobiernos
son los de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia que, de alguna manera
se han manifestado antiimperialistas al mostrarse reacios a obedecer y acatar
los dictados imperiales.
Al derrumbarse la Unión Soviética, Estados Unidos se inventó un nuevo enemigo:
el narcotráfico y con ese pretexto ha continuado imponiendo su presencia militar
en el subcontinente y a las fuerzas armadas y policiales siguió asignándoles el
papel de guardianes de sus intereses geopolíticos, económicos y militares. Al
parecer, después de las amargas experiencias de las dictaduras neofascistas, al
imperio no le convenía mantener o propiciar golpes de Estado que, al no
producirse, permitieron la conformación y avance de débiles democracias que al
pasar los años tienden a consolidarse. Ese aparente desinterés de Estados Unidos
para terminar con la costumbre de dar golpes de Estado para deshacerse de
gobiernos "indeseables" sólo fue un espejismo que se rompió con los golpes de
Estado de Venezuela en 2002 y de Honduras en 2009. Esos golpes demuestran que
las fuerzas armadas no han abandonado la ideologización imperial y tampoco sus
diversas formas y fuentes de dependencia.
Sin embargo, las fuerzas armadas y policiales han sido testigos del surgimiento
de nuevas formas de integración subregional y, se han visto en la necesidad de
intervenir en el debate de la temática de seguridad y defensa junto a sectores
civiles de los distintos países que conforman la UNASUR. Sin duda, a los
gobiernos les preocupa la necesidad de concebir nuevas definiciones de las
políticas públicas que establezcan las competencias de las fuerzas armadas y
policiales dentro de las políticas nacionales y multinacionales de seguridad y
defensa, y ante nuevos retos como el terrorismo internacional y la necesidad de
enfrentar al crimen internacional organizado: narcotráfico, trata de blancas,
tráfico de personas, tráfico de armas.
Siempre han sido complejas y difíciles las relaciones entre el poder militar y
el poder civil debido a la tendencia de los órganos castrenses a inmiscuirse en
los asuntos propios de los gobiernos civiles. Es más, se han considerado
garantes de las democracias y como tales han intervenido en gobiernos civiles.
En el caso ecuatoriano, cuando los militares han "retirado el apoyo militar" a
un gobierno, ese gobierno ha sido derrocado.
Aun es pronto para advertir cambios, si los hay, en la mentalidad de las fuerzas
armadas y policiales, justamente porque ahora es preciso mirar la seguridad y la
integración desde ópticas diferentes para enfrentar colectivamente las nuevas
amenazas surgidas por la globalización, la crisis capitalista, la permeabilidad
de las fronteras debido al auge del "libre comercio" irregular y el auge de
acciones ilegales que requieren de un control multinacional.
La misma globalización capitalista vuelve necesaria la conformación de bloques
que posibiliten encontrar mejores formas de negociación y la apertura de nuevos
mercados, pero es evidente que los ejércitos se mostrasen reacios a cualquier
forma de integración militar porque se les había convencido que fueron creados
para la defensa de la soberanía, de la integridad territorial, para ser
guardianes de la democracia occidental y cristiana, de la libertad, del orden
establecido, de la paz pública y sobre todo para combatir y derrotar a los
grupos insurgentes, irregulares, a los rebeldes, a los guerrilleros. Nadie, ni
nada debe perturbar su sagrada misión diseñada por las clases dominantes y por
el imperio. Así, son enemigos los ejércitos que aspiran a violar la integridad
territorial, son adversarios los otros militares que, eventualmente, pueden
atentar contra la soberanía nacional.
En estas circunstancias se complica todo anhelo integrador. Era una misión casi
imposible intentar la unión de las fuerzas armadas suramericanas a pesar de que
tenían sobrada experiencia en la colaboración para perseguir, detener o
desaparecer a izquierdistas perturbadores del orden establecido, como fue el
caso de la internacional del crimen denominada Operación Cóndor. El intercambio
de inteligencia para similares fines y objetivos, en cierta medida, fue una
forma de integración militar. Pero diferente es un proceso integrador que
cuestione el sistema y ponga en entredicho el poder hegemónico del imperio o que
decida desobedecer sus designios y subordinarse sin cuestionamientos a la
doctrina de la seguridad hemisférica según definiciones conceptuales de los
objetivos e intereses geopolíticos de Washington.
Los intentos integracionistas ya se dieron y se dan en otras organizaciones
existentes actualmente en América del Sur, como la CAN, MERCOSUR o ALADI que
dieron paso a la Unión de Naciones Suramericanas –UNASUR- que no son
incompatibles con el nuevo esquema, sino que más bien lo complementan con su
rica historia y experiencias. En el caso de la UNASUR, se pone en marcha un
proyecto de hondo significado geopolítico, porque por primera vez no se
privilegian objetivos netamente comerciales, no se busca satisfacer preferencias
arancelarias, ni la economía es un fin por sí misma.
La UNASUR es integración política, social, cultural según definición constante
en el párrafo séptimo del Preámbulo del Convenio Constitutivo de la UNASUR, en
el que se expresa que "la integración suramericana debe ser alcanzada a través
de un proceso innovador, que incluya todos los logros y lo avanzado por los
procesos de MERCOSUR y la CAN, así como la experiencia de Chile, Guyana y
Surinam, yendo más allá de la convergencia de los mismos".
"Esta Unión de naciones incorpora a todos los países de América del Sur,
incluyendo por primera vez dentro de un proceso de integración formal dentro de
la región, a dos ex colonias, una del Reino Unido (Guyana) y otra del Reino de
los Países Bajos (Surinam) -razón por la cual los idiomas oficiales de la
Organización, además del castellano y el portugués, son el inglés y el
neerlandés- (Art. 23), es el resultado de un detenido trabajo diplomático que se
lleva adelante por los países signatarios a partir de las Declaraciones del
Cusco, de 8 de diciembre de 2005, Brasilia de 30 de septiembre de 2006 y
Cochabamba de 9 de diciembre de 2007, en cuyo marco se establece y desarrolla la
Comunidad Sudamericana de Naciones, que constituye el antecedente directo de la
UNASUR.
La creación de la UNASUR, se vincula directamente con una estrategia de
inserción de América del Sur, como región, en el escenario internacional. Los
países suramericanos percibieron la necesidad de ingresar al mundo de la
globalización, asociados con aquellos países con los cuales se comparten
identidades y preocupaciones comunes", analizaba Carlos Crisóstomo del Pedregal,
Abogado, Profesor Derecho Internacional Público Universidad Diego Portales,
Diplomado en Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE), Diplomado Curso Superior
de Defensa y Seguridad Hemisférica (CID).
Cabe destacar que el proceso fue impulsado por Brasil que aspira a consolidar su
liderazgo regional para lo que prioriza la defensa de "los intereses de
Suramérica en forma autónoma, con una agenda propia, independiente a la de los
Estados Unidos de América y de la Unión Europea. Por esta razón, en el Acuerdo
Constitutivo se resalta, tanto en el Preámbulo (párrafo tercero), como en sus
objetivos específicos (Art. 3, literal i), la necesidad de consolidar una
identidad suramericana, con el fin de alcanzar una ciudadanía suramericana.
La UNASUR posee la naturaleza jurídica de una Organización Internacional, toda
vez que se le reconoce en su Convenio Constitutivo (Art.1) personalidad jurídica
internacional. Esto significa que tendrá la capacidad de convenir Acuerdos
Internacionales con otros Sujetos de Derecho Internacional y contraer derechos y
obligaciones, regulados por esa disciplina, independientemente de los Estados
que la conforman. En consecuencia, poseerá una estructura institucional (Arts. 4
a 10), un presupuesto propio (Art. 16) y los privilegios e inmunidades
necesarios para la realización de sus funciones (Art. 22).
El Artículo 2º del Tratado define el objetivo y, por ende, el alcance de la
Organización creada, en los siguientes términos: "La Unión de Naciones
Suramericanas tiene como objetivo construir, de manera participativa y
consensuada, un espacio de integración y unión en lo cultural, social, económico
y político entre sus pueblos, otorgando prioridad al diálogo político, las
políticas sociales, la educación, la energía, la infraestructura, el
financiamiento y el medio ambiente, entre otros, con miras a eliminar la
desigualdad socioeconómica, lograr la inclusión social y la participación
ciudadana, fortalecer la democracia y reducir las asimetrías en el marco del
fortalecimiento de la soberanía e independencia de los Estados".
Las únicas disposiciones del Tratado Constitutivo que aluden a materia de
seguridad y defensa constan dentro de los objetivos específicos de la UNASUR, en
los literales q), s) y t) del Artículo 3, que disponen:
"La Unión de Naciones Suramericanas tiene como objetivos específicos:"
• "q) la coordinación entre los organismos especializados de los Estados
Miembros, teniendo en cuenta las normas internacionales, para fortalecer la
lucha contra el terrorismo, la corrupción, el problema mundial de las drogas, la
trata de personas, el tráfico de armas pequeñas y ligeras, el crimen organizado
transnacional y otras amenazas, así como para el desarme, la no proliferación de
armas nucleares y de destrucción masiva, y el desminado;"
• "s) el intercambio de información y de experiencias en materia de defensa;"
• "t) la cooperación para el fortalecimiento de la seguridad ciudadana,"
De las disposiciones antes transcritas, se infiere que el único precepto que
alude al sector defensa propiamente tal y sobre el cual nace el Consejo de
Defensa Suramericano, que se analizará más adelante, es el de la letra s) que se
refiere a un simple intercambio de información y de experiencia en materia de
defensa, sin hacer mención expresa a la creación del Consejo.
Los otros dos preceptos que aluden a la seguridad, uno de ellos se refiere a las
nuevas amenazas, donde se señala que la coordinación entre los organismos
especializados de los Estados tendrá en cuenta la normativa internacional
existente, recociendo así el carácter multilateral de estas amenazas; y, el
otro, aborda la temática de la seguridad ciudadana, reconociendo la necesidad de
cooperar para el fortalecimiento de las medidas que se adopten en esta área.
El 16 de diciembre de 2008, con ocasión de la Cumbre de Jefes de Estado de la
Unión de Naciones Suramericanas, celebrada en Costa de Sauipé -Brasil- se
acordó, por unanimidad, la creación del Consejo de Defensa Suramericano (CDS).
El Acuerdo fue adoptado mediante una Decisión de los Jefes de Estado y de
Gobierno, razón por la cual, para que sea obligatorio para los Estados Miembros,
deberá ser incorporado en los ordenamientos jurídicos de cada uno de ellos, de
acuerdo con sus respectivos procedimientos internos, según se desprende de lo
señalado en el Artículo 12, inciso final, del Convenio Constitutivo de la UNASUR".
Fue una ardua tarea vencer resquemores, recelos e incluso antipatías mutuas por
razones ideológicas, para lograr el consenso que permitiera la creación del
Consejo de Seguridad de la UNASUR. Finalmente, en el 10 de marzo de 2009, se
produjo la Declaración de Santiago que se constituyó en la partida de nacimiento
de esta organización supranacional de carácter militar. Esta Declaración fue
firmada por todos los ministros de Defensa de América del Sur, quienes por
instrucción de las Jefas y Jefes de Estado y Gobierno acordaron consolidar
algunos principios del derecho internacional entre los que se destacan "el
respeto, de manera irrestricta a la soberanía, integridad e inviolabilidad
territorial de los Estados, la no intervención en sus asuntos internos y la
autodeterminación de los pueblos, la convivencia pacífica de los pueblos, la
vigencia de los sistemas democráticos de gobierno y su protección, en materia de
defensa, frente a amenazas o acciones externas o internas, en el marco de las
normativas nacionales. Asimismo, rechazan la presencia o acción de grupos
armados al margen de la ley, que ejerzan o propicien la violencia cualquiera sea
su origen.
Además, consideraron que, "apoyados en la historia compartida y solidaria de
nuestras naciones y honrando el pensamiento de quienes forjaron nuestra
independencia y libertad, el Consejo de Defensa Suramericano contribuirá
poderosamente a la construcción de un futuro común de nuestra región", y así,
convencidos que este proceso de integración y unión suramericanos es ambicioso
en sus objetivos estratégicos y flexible y gradual en su implementación,
definieron los siguientes objetivos:
a) Consolidar Suramérica como una zona de paz, base para la estabilidad
democrática y el desarrollo integral de nuestros pueblos, y como contribución a
la paz mundial.
b) Construir una identidad suramericana en materia de defensa, que tome en
cuenta las características subregionales y nacionales, y que contribuya al
fortalecimiento de la unidad de América Latina y el Caribe, y
c) Generar consensos para fortalecer la cooperación regional en materia de
defensa.
Acordaron impulsar el Consejo de Defensa Suramericano en el marco de la UNASUR a
través de la ejecución de un Plan de Acción que debía desarrollar cuatro ejes o
lineamientos que, a su vez, contienen una serie de iniciativas específicas.
1. POLÍTICAS DE DEFENSA.
a. Crear una red para intercambiar información sobre políticas de defensa.
b. Realizar un seminario sobre modernización de los Ministerios de Defensa.
c. Compartir y dar transparencia a la información sobre gastos e indicadores
económicos de la defensa.
d. Propiciar la definición de enfoques conceptuales.
e. Identificar los factores de riesgo y amenazas que puedan afectar la paz
regional y mundial.
f. Crear un mecanismo para contribuir a la articulación de posiciones conjuntas
de la región en foros multilaterales sobre defensa.
g. Proponer el establecimiento de un mecanismo de consulta, información y
evaluación inmediata ante situaciones de riesgo para la paz de nuestras
naciones, en conformidad con el Tratado de UNASUR.
2. COOPERACIÓN MILITAR, ACCIONES HUMANITARIAS Y OPERACIONES DE PAZ.
a. Planificar un ejercicio combinado de asistencia en caso de catástrofe o
desastres naturales.
b. Organizar una conferencia sobre lecciones aprendidas en operaciones de paz,
tanto en el ámbito interno como multilateral.
c. Elaborar un inventario de las capacidades de defensa que los países ofrecen
para apoyar las acciones humanitarias.
d. Intercambiar experiencias en el campo de las acciones humanitarias a fin de
establecer mecanismos de respuesta inmediata para la activación de acciones
humanitarias frente a situaciones de desastres naturales.
3. INDUSTRIA Y TECNOLOGÍA DE LA DEFENSA.
a. Elaborar un diagnóstico de la industria de defensa de los países miembros
identificando capacidades y áreas de asociación estratégicas, para promover la
complementariedad, la investigación y la transferencia tecnológica.
b. Promover iniciativas bilaterales y multilaterales de cooperación y producción
de la industria para la defensa en el marco de las naciones integrantes de este
consejo.
4. FORMACIÓN Y CAPACITACIÓN.
a. Elaborar un registro de las academias y centros de estudio en defensa y de
sus programas y crear una red suramericana de capacitación y formación en
defensa, que permita el intercambio de experiencias y el desarrollo de programas
conjuntos.
b. Proponer programas de intercambio docente y estudiantil, homologación,
evaluación y acreditación de estudios, reconocimiento de títulos y becas entre
las instituciones existentes, en materias de defensa.
c. Constituir y poner en funcionamiento el Centro Suramericano de Estudios
Estratégicos de Defensa (CSEED), y encargar a un grupo de trabajo dirigido por
Argentina, en un plazo de 60 días, la elaboración de la propuesta de su
estatuto.
d. Realizar durante noviembre de 2009, en Río de Janeiro, el Primer Encuentro
Suramericano de Estudios Estratégicos (Ier ESEE). Este Plan de Acción se ha
cumplido en un 98%, según fuentes militares.
Uno de los impulsores del Consejo de Defensa fue el Ministro brasileño Nelson
Jobin quien destacaba en numerosas oportunidades que el CDS debe generar "la
confianza mutua, para poder generar un ambiente de integración en la región más
amplia, y que pueda ser una base para tener una América Latina más fuerte y
mucho más unida". Decía con sobra de razones que la "la propuesta brasileña no
es una alianza militar clásica", en el sentido que el Consejo no constituye una
unión de fuerzas militares, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN), "no es una alianza operativa, no es una OTAN del sur, no es un Ejército
conjunto del sur, es una entidad que estará en el marco de la UNASUR para formar
e identificar una política de defensa suramericana".
Jobin consideraba que era importante crear una industria militar de defensa en
Suramérica para tener una posición en la región y crear alternativas a la
dependencia de insumos militares, crear centros de competencia en diversas
áreas, aprovechándose de economías de escala; intercambiar información sobre
amenazas a la paz, establecer posiciones conjuntas en materias de defensa y
proyectarlas en foros internacionales. No importan las asimetrías de los países,
podemos ser actores protagónicos. El Consejo no es una alianza militar, los
países de la zona no son expansionistas, están consolidados en la paz. Ningún
país individualmente puede pensar en grande pero en conjunto podemos. Los
conflictos convencionales están superados, debemos pensar en las amenazas no
convencionales, las fuerzas deben estar preparadas para ambos. No participa
Estados Unidos de América ya que los países sudamericanos somos capaces a través
del diálogo de resolver los problemas, afirmaba Jobin.
Los objetivos específicos del CDS demuestran el deseo expreso de terminar con la
dependencia de potencias extranjeras en materia de defensa. • Visión conjunta en
materia de defensa;
• Intercambio de información sobre situaciones regionales e internacionales;
• Articulación de posiciones conjuntas de la región en foros multilaterales
sobre defensa;
• Construcción de una visión compartida respecto a las tareas de defensa;
• Fortalecer la adopción de medidas de fomento de la confianza;
• Promover el intercambio y cooperación en el ámbito de la industria de la
defensa;
• Estimular el intercambio en materia de formación y capacitación militar,
procesos de entrenamiento entre las Fuerzas Armadas y cooperación académica;
• Compartir experiencias y apoyar acciones humanitarias;
• Compartir experiencias en operaciones de mantenimiento de la paz de Naciones
Unidas;
• Intercambiar experiencias sobre procesos de modernización de los Ministerios
de Defensa y de las Fuerzas Armadas;
• Promover la incorporación de la perspectiva de género en el ámbito de la
defensa.
El CDS supone el primer paso en una forma de coordinación en materia de defensa
en la que Estados Unidos de América no tendrá participación, por lo tanto, es de
esperar que las denominadas políticas de seguridad impuestas por Estados Unidos
dentro de las concepciones de la seguridad hemisférica imperantes durante la
Guerra Fría cambien radicalmente para dar paso a políticas de seguridad propias
de la subregión. El CDS debe convertirse en un espacio para que sea un foro de
diálogo que permita impulsar una política regional de defensa, un foro en el que
se identifiquen problemas comunes y fomenten la confianza, e intercambien
información y experiencias "que allanen el camino de la integración regional en
este ámbito. Asimismo se trataría de incrementar los intercambios de personal
militar en el plano educativo castrense, de articular operaciones conjuntas de
paz, de prever mecanismos conjuntos de actuación ante catástrofes naturales, de
proyectar ejercicios tácticos conjuntos, de fomentar la industria de defensa
para aumentar la autonomía de abastecimiento o de conjugar posiciones comunes
que puedan ser defendidas como tales en la JID o en la OEA existentes al
efecto." (Martínez. 2009).
El analista Carlos Maldonado Prieto considera que el Consejo de Defensa
Suramericano ha tenidos dos etapas de desarrollo. La primera transcurre desde
que, en 2008, Brasil hizo pública su iniciativa de crear un foro de diálogo
estratégico en la subregión hasta la asunción del Ecuador como segundo país en
ejercer la presidencia "pro tempore" del organismo. Se caracterizó por la
redacción del estatuto y del Plan de Acción 2009-2010 que contemplaba seminarios
académicos y grupos de trabajo en áreas como la industria de defensa, desastres
naturales o formación militar.
La segunda fase comenzó tras la cumbre extraordinaria de Presidentes, en
Bariloche, de agosto de 2009, a propósito de la crisis creada por las bases
estadounidenses en Colombia. En esa ocasión, se instruyó a los ministros de
Relaciones Exteriores y Defensa a celebrar una reunión extraordinaria para
diseñar medidas de fomento de la confianza y seguridad, incluyendo mecanismos de
implementación y garantías para todos los países aplicables a los acuerdos
existentes con países de la región y extra regionales. Precisamente, los
ministros han aprobado en la reunión de Guayaquil dichas medidas de fomento de
la confianza y seguridad. Estas medidas, que venían siendo discutidas por un
grupo de expertos, incluyen el intercambio de información y transparencia en
materia de legislación, gastos y fuerzas militares; la regulación de actividades
militares intra y extra regionales, y la adopción de garantías y el compromiso
de cumplimiento y verificación.
Asimismo, la cumbre de ministros aprobó el estatuto del futuro Centro de
Estudios Estratégicos de la Defensa (CEED-CDS), como instancia de generación de
conocimiento y difusión del pensamiento estratégico sudamericano en materia de
defensa y seguridad. Tendrá como función principal estudiar y asesorar en todos
los requerimientos que los ministros le presenten al Centro. Cada país miembro
podrá aportar dos especialistas con dedicación exclusiva. Esta nueva institución
está ubicada en Buenos Aires, donde tendrá su sede permanente. Por acuerdo
unánime -como son adoptadas todas las resoluciones del Consejo-, su director
será de nacionalidad argentina.
Otros acuerdos significativos son la formación de varios grupos de trabajo: Uno
entre Argentina y Chile para promover la transparencia en gastos de defensa y
que desarrolle una metodología para la medición de los gastos sobre una base
común y de aceptación general. Otro, que conformarán Argentina, Chile y Perú,
para elaborar una propuesta que contenga temas a ser discutidos en la IX
Conferencia de Ministros de Defensa de las Américas, en Bolivia. Y un tercero,
que agrupa a Chile, Ecuador y Guyana, que elaborará una propuesta para una
secretaría técnica permanente de apoyo administrativo a la Presidencia Pro
Tempore, a fin de contribuir al proceso de institucionalización del Consejo de
Defensa Suramericano." Entre los principios rectores se debe destacar la
decisión de que el CDS, se abocará a preservar y fortalecer a América del Sur
como una región libre de armas nucleares y de destrucción masiva, promoviendo el
desarme y la cultura de paz en el mundo (Art 3, literal f); y que igualmente
procurará fomentar la defensa soberana de los recursos naturales de los Países
Miembros (Art 3, literal j).
En cuanto a las funciones de las Fuerzas Armadas, se afirma el pleno
reconocimiento de las instituciones encargadas de la defensa nacional
consagradas en las Constituciones de los Estados Miembros (Art 3, literal h).
Igualmente, y luego de reiterar en diversos preceptos el respeto irrestricto a
la soberanía, integridad e inviolabilidad territorial de los Estados y la no
intervención en sus asuntos internos y autodeterminación de los pueblos, (Art 3,
literal a), en la segunda parte del literal m) del Artículo 3, acogiendo una
petición expresa de Colombia, se señala que se rechazará la presencia o acción
de grupos armados al margen de la ley que ejerzan o propicien la violencia,
cualquiera sea su origen.
El CDS se preocupará de de "fomentar la defensa soberana de los recursos
naturales de nuestras naciones". Aquí se pretende vincular la importancia que
tienen los recursos naturales para los diversos Estados de la región en el orden
económico-comercial, con una visión estratégica, incorporándolos a las agendas
de la defensa nacional, como una hipótesis de conflicto ante una potencia extra
continental." Para María Sol Peirotti, Licenciada en Relaciones Internacionales
(Universidad Empresarial Siglo 21), Maestranda en Relaciones Internacionales
Europa – América Latina (Alma Mater Studiorum Università di Bologna) y Profesora
de Seguridad Internacional en la Universidad Empresarial Siglo 21, la iniciativa
del Consejo de Defensa de Unasur surge como opción en el marco de la cooperación
sudamericana en cuestiones de seguridad. Aparecen con ella numerosos
interrogantes acerca de su viabilidad e intereses encontrados por parte de sus
miembros. Existen ya en la OEA diversos mecanismos para asegurar la acción
conjunta en solución de controversias regionales y subregionales por lo que se
intentará analizar si se trata de dos espacios compatibles, superpuestos o
contradictorios."
Lo que la autora no analiza es que la OEA es una organización puesta al servicio
de los intereses geopolíticos de Estados Unidos y que por algo se ha dicho que
la OEA es el Ministerio de las colonias del imperio, a pesar de que sostiene que
el CDS tiene como fines primordiales la cooperación entre las distintas fuerzas
armadas, la realización de operaciones de paz conjuntas, la prevención de
conflictos y la transparencia en los gastos militares. Asimismo, en una
declaración anexa, aludieron a la lucha contra el narcotráfico.
El atento observador podría preguntarse acerca de cuáles son los verdaderos
intereses que rodean a la decisión de crear el Consejo de Defensa de Unasur. Las
hipótesis a tratar en la siguiente investigación tienen que ver con dos
interrogantes:
¿Es viable el Consejo de Defensa de Unasur como instancia de cooperación en
asuntos de seguridad? ¿Podría eventualmente reemplazar a las estructuras de la
OEA (JID, TIAR, Consejo de Seguridad Hemisférica)?
Las interrogantes de la autora demuestran que su investigación partió de
supuestos irreales ya que desconoce los principios doctrinarios e ideológicos de
la UNASUR y del CDS. Al CDS no le interesa entrar en competencia con ninguna
organización militar o de seguridad patrocinadas por la OEA; es decir por
Estados Unidos al que sólo le interesa su propia seguridad para el logro de sus
fines geopolíticos. Recuérdese que en el conflicto británico- argentino por las
Islas Malvinas, Estados Unidos se puso del lado inglés con lo que se demostró
que el TIAR y el JID eran instrumentos de uso exclusivo del imperio.
El Consejo de Ministras y Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión de
Naciones Suramericanas (UNASUR), reunido en sesión extraordinaria en la ciudad
de Buenos Aires, República Argentina, el 24 de agosto de 2011; en los que se
refiere al Consejo de Defensa resolvió ratificar la firma del Acuerdo de Sede
entre UNASUR y el Gobierno de la República Argentina para el funcionamiento del
Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (CEED) con sede en Buenos Aires y
Convocar a una Reunión Preparatoria de una Reunión de Ministros de Defensa,
Justicia e Interior en Cartagena de Indias, Colombia para analizar las amenazas
del crimen organizado transnacional y otras nuevas amenazas a la seguridad
regional, de acuerdo a lo expresado en la Declaración de Lima producto de la III
Reunión Ordinaria del Consejo de Defensa Suramericano realizada en Lima, Perú el
12 y 13 de mayo de 2011. Paralelamente, encomendar al Centro de Estudios
Estratégicos de Defensa (CEED) a iniciar estudios sobre estos riesgos y amenazas
para apoyar los trabajos de la futura reunión.
El Centro de Estudios Estratégicos, de conformidad con sus estatutos, asesorará
al Consejo de Defensa de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) en asuntos
de seguridad y defensa y estudiará la aplicación de unas Medidas de Fomento de
la Confianza y Seguridad en la región y conocerán el análisis sobre el documento
"Estrategia Suramericana, Libro Blanco de Movilidad Aérea (AMC)" de Estados
Unidos, que fue previamente analizado por los viceministros.
Se reitera en cada Cumbre que el Consejo de Defensa tiene como objetivo la
promoción de la paz, junto con la prosperidad de la región, en un ambiente de
soberanía e integración. Se busca que nunca más se permita que la subregión sea
sometida al interés externo. El CDS tiene el reto de contribuir al desarrollo de
los pueblos de los doce países que forman la Unión.
El CDS contribuirá "mediante el análisis permanente, a la identificación de
desafíos, factores de riesgo y amenazas, oportunidades y escenarios relevantes
para la defensa y la seguridad regional y mundial, a corto, medio y largo
plazos. También debe contribuir a la identificación de enfoques conceptuales y
líneas básicas para la articulación de políticas en materia de defensa y
seguridad regional. Entre las atribuciones del Centro de Estudios Estratégicos
consta la de "realizar estudios e investigaciones en temáticas vinculadas a la
defensa y la seguridad regional, así como organizar talleres, editar
publicaciones y todas aquellas actividades relevantes para abordar y tratar los
temas de interés del CDS". El Centro buscará establecer una red con las unidades
de estudios estratégicos de cada país miembro de la UNASUR, así como de naciones
fuera de la región.
Los Ministros de Defensa de la Unión Suramericana de Naciones ( UNASUR) ,
reunidos en Lima el 11 de noviembre de 2011, suscribieron una declaración
conjunta en la que se comprometen a afianzar a Sudamérica como una zona de paz.
La Secretaria General de la UNASUR, la colombiana María Emma Mejía, al destacar
esa reunión resumía el pensamiento de los Ministros al expresar: "Este plan de
acción nos muestra que el Consejo de Defensa no solo es extraordinariamente
dinámico sino que está focalizado en un plan de acción para consolidar a
Suramérica como una zona de paz y como una lección frente al mundo". Añadió que
las conclusiones de la reunión del CSD se remitirán a los presidentes de UNASUR
durante la cumbre extraordinaria que se realizará en Venezuela, para crear la
CELAC.
La Secretaria General de la UNASUR informó que el Consejo de Defensa
Suramericano (CDS) ha avanzado en mecanismos de integración y confianza mutua,
que pueden ser un "ejemplo para el mundo". Sostuvo que la Reunión Extraordinaria
del Consejo de Defensa Suramericano, en Lima, reafirma el estricto respeto por
la soberanía, la integridad y la inviolabilidad territorial de los estados.
"Además define las medidas de fomento de confianza y avance en protocolos de
paz, seguridad y cooperación", anotó
La UNASUR está integrada por Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia,
Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Actualmente
Paraguay tiene la presidencia pro témpore del bloque regional. No es aventurado
afirmar que América Latina y el Caribe son el futuro del mundo, y que siendo una
zona libre de armas nucleares y de destrucción masiva, la paz tiene un espacio
trascendente y una última oportunidad.
A pesar de las acciones imperiales y de las múltiples amenazas y por sobre los
augurios de los agoreros del desastre, la unidad de nuestras patrias avanza y,
paulatinamente, tiende a consolidarse para que el sueño de los Libertadores se
transforme en realidad de vivencias nuevas.
La lideresa indígena, la ecuatoriana Dolores Cacuango, decía: "Somos como la
paja de páramo que se arranca y vuelve a crecer... y de paja de páramo
sembraremos el mundo" "A natural unidos como a poncho tejido, patrón no podrá
doblegar" "Esta es la vida, un día mil muriendo, mil naciendo, mil muriendo, mil
renaciendo. así es la vida". "Nosotros somos como los granos de quinua si
estamos solos, el viento lleva lejos. Pero si estamos unidos en un costal, nada
hace el viento. Bamboleará, pero no nos hará caer".
COMITÉ INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA PARA AMÉRICA LATINA (CISPAL)
tribunalpazecuador@yahoo.com

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