Noticias de politica
Quién supiera cómo salir de tanta debacle en la que vivimos. Tener la piedra
filosofal, la espada para deshacer el nudo gordiano. Quien pudiera señalar el
camino que condujera a la reversión de esta caída por el abismo.
Ya somos más de cinco millones de personas desempleadas, cifra en permanente
aumento hacia los seis millones. Tengo la impresión de que esto es una decisión
meditada por la élite económica y financiera. Cerca de un 20% de la población,
según previsiones del propio FMI, se las verá y se las deseará para sobrevivir.
Los muy ricos pueden (quieren) vivir con esos millones de excluidos. Les
funciona.
En África, por supuesto. Los gobernantes corruptos, las guerras para
desestabilizar, las hambrunas y las enfermedades paralizan cualquier intento, no
solo de liberarse, sino de tener la posibilidad de construir una sociedad
mínimamente digna. Modelo que aplican de manera atenuada a sus propios pueblos.
También en EE.UU., donde convive el primer mundo con un cuarto mundo de 49
millones de personas malviviendo en la pobreza (Datos de la Oficina del Censo de
EE.UU.). Contenidas también con un guerra de baja intensidad a través de la
delincuencia asociada al tráfico de drogas y la posibilidad de usar, en periodos
de desbordamiento social, las tropas del ejército de represión interior de la
Guardia Nacional.
En nuestro país, que tras la «Transacción» y los Pactos de la Moncloa, jamás
pasamos de un «Estado del medioestar», como caricatura obscena del bienestar que
se vivía en el norte de Europa, asistimos al desmantelamiento no solo de este
medioestar escuálido, sino al enterramiento de una forma de Estado Nación con
voluntad de proteger derechos de su población, derechos que pensábamos eran
parte del ADN europeo.
Lo peor, es que no sabemos qué hacer, no tenemos las herramientas para oponernos
a esta especie de golpe de estado financiero a nivel mundial. Algunos salen a la
calle de vez en cuando, hasta por cientos de miles gritan su indignación y por
un tiempo se reúnen, debaten, vuelven a movilizarse , pero ante la falta de
concreción o avances, se convierten en minorías paralizantes. El poder político
mira, espera, criminaliza y reprime. Al final, nada ha cambiado. Algunos están
más quemados, otros tienen que responder ante los tribunales. La calma social
regresa.
Estamos atomizados, sin referentes, hemos perdido la batalla cultural y ya no
tenemos propuestas de cambio. Pensamos a la par de lo que deciden los grandes
medios de comunicación en su vertiente progre. Odiamos a los que nos dicen que
odiemos. Vemos la realidad como quieren que la veamos.
Siento envidia de los procesos en Latinoamérica, de los pueblos que luchan al
ALBA, de los países que han reconquistado la soberanía, que han arrebatado la
hegemonía al neoliberalismo a través de constituyentes, que han usado el Estado
de Derecho para crear leyes y constituciones al servicio de la nación y el
pueblo. De los que revierten las privatizaciones expropiando y nacionalizando.
De los que reparten la riqueza.
Seguimos en medio. Por un lado cuestionando todo pero sin proponer nada y por
otro lado en estructuras que viven en movimiento circular, centrifugando sus
miserias con el único objetivo de perpetuarse.
Tristes tiempos, con grandes sindicatos que se pliegan y legitiman el modelo
neoliberal. Con partidos que viven en el ventilador de las miserias. Con líderes
mediocres, sin más ambición que vencer en las batallas de familias o con
responsables políticos que travisten su izquierdismo en la corrupción
inmobiliaria. Tristes calles sin salida.
Hace falta recuperar la ilusión, dar un golpe de audacia. Pensar en aglutinar a
la gente consciente en torno a unos puntos mínimos por los que empezar a
movilizarse. Un proyecto que devuelva a la sociedad lo que nos han robado. Una
alianza para recuperar nuestros derechos. Un frente que dome a los especuladores
financieros. Una marea que sea capaz de poner en jaque a los gobiernos
colaboracionistas de la mafia usurera.
Echando un vistazo a las pasadas movilizaciones asociadas al 15-M, está claro
que hay gente, mucha gente que quiere luchar contra este golpe de mercado. Si no
quieren las cúpulas, deberemos hacerlo desde abajo. Pero sin entelequias, sin
sinergias paralizantes, sin adanismo, sin humo.
Concreción en torno a mínimos y organización, mucha organización.
Fuente: Hablando república

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