Noticias de politica
Una serie de acontecimientos desarrollados en el último período en torno a
Malvinas nos obliga a fijar la mirada en el Atlántico Sur, esa inmensa
superficie marítima que vincula tres continentes: África, América y la Antártida.
Una observación atenta nos indica que la cuestión Malvinas tiene su origen casi
dos siglos atrás, pero se extiende al presente como parte del proyecto de la
OTAN global.
En la mira del colonialismo
Desde el siglo XIX, las Malvinas y los otros archipiélagos argentinos del
Atlántico Sur (Georgias del Sur y Sandwich del Sur) se encuentran en la mira del
colonialismo. Producida la Revolución de Mayo (1810) y con ello la independencia
respecto a la Corona Española, el gobierno patrio toma posesión del archipiélago
como parte del territorio heredado de España (por sucesión de Estados en virtud
del principio del Uti Possidetis Jure). Instala en 1823 un gobernador y en 1829
una guarnición militar encabezada por un comandante político y militar. Pero en
los años 30, Gran Bretaña, con el apoyo activo de Estados Unidos, y tras una
serie de actos agresivos, que culminan con el ataque a Puerto Soledad, desaloja
a la guarnición argentina y concreta militarmente la ocupación de las Islas el 3
de enero de 1833. Esta puntualización es importante para arrojar luz sobre el
absurdo de la pretensión británica de presentar el caso Malvinas como un tema de
autodeterminación de los isleños.
Comenzó entonces y continúa hasta el presente la usurpación británica de una
parte de nuestro territorio nacional. Aquella acción pirata de 1833 también pone
a la vista la fuerte alianza entre el gobierno de EEUU y la Corona británica,
alianza que se consolidaría luego en el marco de la OTAN.
La guerra fría y los pactos agresivos
Otra necesaria referencia histórica nos lleva a mediados del siglo XX.
Es pertinente recordar que, en 1947, Washington impuso a los países de la región
el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), un tratado que –según
sus impulsores- protegería a nuestros países del ataque de alguna potencia
extracontinental; y en 1948 promovió la fundación de la Organización de Estados
Américanos (OEA), verdadero ministerio de Colonias al servicio de la política
expansionista y el intervencionismo de los Estados Unidos en el continente.
A nivel mundial impulsó la firma de pactos militares en varias regiones así como
la creación en abril de 1949 de la Organización del Tratado del Atlántico Norte
(OTAN), todos ellos instrumentos de naturaleza agresiva que minaban la idea de
la seguridad colectiva basada en el principio de la coexistencia pacífica
establecido en 1945 en la Carta de las Naciones Unidas. En la actualidad la OTAN
ha crecido hasta integrar a 28 países, mucho más allá de los doce Estados del
Atlántico Norte que le dieron nacimiento, y en la Cumbre realizada en Portugal,
en noviembre de 2010 ha proclamado abiertamente su condición de poder militar
global.
El Atlántico Sur y la expansión de la OTAN
En los años 80 del siglo XX todavía la OTAN no se había expandido. Al asumir la
presidencia de Estados Unidos el 20 de noviembre de 1981, Ronald Reagan se
planteó el objetivo de desplegar una política ofensiva de "recuperación de los
espacios políticos, geográficos y estratégicos", para lo cual iba a emprender un
gigantesco programa de armamentismo y reactivación de la economía. Reclamando
más atención de Washington hacia las Américas, Reagan insiste en que "los
Estados Unidos deben asumir de nuevo su papel de fuerza de cohesión indesafiable
en la construcción de una comunidad del Hemisferio Occidental".
Con ese propósito la administración Reagan trabaja para la creación de "un
acuerdo regional para la seguridad del Atlántico Sur", un acuerdo que no llegó a
concretarse -entre Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay-
y que se visualizaba como una Organización del Tratado del Atlántico Sur (OTAS),
complementado con la participación de África del Sur entonces bajo el régimen
del Apartheid.
Tales objetivos han sido explicitados tanto en el conocido Documento de Santa Fe
(1980) como en otro documento aprobado ese mismo año por el Consejo de Seguridad
Nacional de los Estados Unidos, el denominado Free Oceans Plan (Plan para el
Océano Libre) donde, explicando la importancia estratégica del Atlántico Sur, se
afirma: "Aun cuando los Estados Unidos puedan contar con un apoyo efectivo y
duradero de la Unión Sudafricana y de la República de Chile, y eventualmente de
la Argentina (entonces bajo la dictadura de 1976/83), que facilite la ejecución
de sus planes para el extremo sur de los tres océanos, es indispensable contar
con el apoyo de Gran Bretaña (…) que debe ser nuestra principal aliada en esa
área, no sólo porque es nuestra amiga más confiable en el orden internacional,
sino porque todavía ocupa diversas islas en el Atlántico Sur que, en caso de
necesidad, podrían convertirse en bases aeronavales, de acuerdo con el modelo de
Diego García , o en punto de apoyo logístico como la isla Ascensión".
Este es el trasfondo real de la posición yanqui en la Guerra de Malvinas: desde
una política de fuerza, estratégica y militar, el gobierno norteamericano no
tuvo dudas en alinearse con Gran Bretaña, su principal aliado en la OTAN, contra
la Argentina, a pesar de que, en virtud del TIAR, debía haberla defendido frente
a una "agresión extracontinental". Washington se atuvo estrictamente a estos
criterios.
Y, al fin de la guerra de 1982, logra, entre sus objetivos militares, la
construcción de una gran base militar en Malvinas que permitirá a la OTAN el
control de las rutas oceánicas del Atlántico Sur y una posibilidad concreta de
proyectar su poder hacia el continente Antártico.
Aparte de las razones geopolíticas ya mencionadas, la ocupación de los
archipiélagos del Atlántico Sur tuvo y tiene para los imperialistas un interés
adicional asociado a la explotación de los cuantiosos recursos naturales de la
región. Al respecto, lo que realmente importa es la extensa plataforma
continental argentina, el mar que rodea a las islas, la abundancia de peces, el
krill, las riquezas del suelo submarino
-petróleo y nódulos metalíferos de manganeso, cobre, hierro-. Algunos de esos
recursos, particularmente el petróleo tienen una enorme y creciente importancia
estratégica, y además ya en el presente les reportan grandes ganancias que
obtienen de la venta ilegal de licencia de pesca y de exploración de petróleo,
con la consiguiente depredación de bienes que pertenecen al pueblo argentino.
La militarización del Atlántico Sur
Terminada la Guerra de Malvinas, y desde que Inglaterra retoma el control total
del archipiélago, el proyecto de instalar una base militar aeronaval se concreta
con los trabajos de ampliación de las pistas y las instalaciones del aeropuerto
de Mount Pleasant, en la Isla Soledad. Las obras concluyen en 1985 y la base
comienza a operar en 1986. Hoy, la Fortaleza Malvinas que dispone también de una
estación naval de aguas profundas –llamada Mare Harbour-- donde atracan
submarinos atómicos, se ha constituido en uno de los cinco principales enclaves
militares extranjeros del Hemisferio Occidental, y funciona en conexión con la
red mundial de bases de control y espionaje que la OTAN tiene en el planeta.
La descripción y los alcances de esta Fortaleza merecen un artículo especial.
Digamos por ahora que los buques y aeronaves militares que van y vienen desde
Gran Bretaña, vía Isla Ascensión, son portadores de armas nucleares. En la
actualidad, con la reactivación en 2008 de la IV Flota de guerra de los EEUU los
peligros que se derivan de la instalación de la Fortaleza Malvinas a 700
kilómetros de nuestra costa patagónica, se han agravado considerablemente.
Las recientes medidas adoptadas por Gran Bretaña no hacen sino empeorar la
situación. Nos referimos a la decisión de establecer alrededor de las Islas
Georgias del Sur y Sandwich del Sur una zona de exclusión pesquera con una
extensión de un millón de kilómetros cuadrados, zona que será patrullada por
naves de la marina de guerra del Reino Unido; así como al envío del buque de
guerra "HMS Dauntless", armado con misiles antiaire de alta tecnología,
helipuertos y 60 marines, para reforzar la custodia de nuestras Islas.
Con ello, además de transgredir la Resolución de la ONU que reclama hacer del
Atlántico Sur una Zona de Paz y Cooperación, agregan nuevas amenazas y
tensiones, con las que intentan bloquear el necesario proceso de negociaciones
políticas imprescindibles para avanzar en la solución del diferendo de soberanía
y encontrar el camino pacífico de la descolonización de los archipiélagos del
Sur.
A despecho de los planes del imperialismo, éste es el camino que ha elegido
Argentina y cuenta hoy con el apoyo fundamental de la Unasur, el Mercosur, el
ALBA, la CELAC y todos los pueblos de la región.
- Rina Bertaccini es presidenta del Movimiento por la Paz, la Soberanía y la
Solidaridad entre los Pueblos (Mopassol), de Argentina y vice presidenta del
Consejo Mundial por la Paz.

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